jueves, 7 de noviembre de 2013

EL SERRUCHO
Marcos quería hacer unos arreglos en el techo y necesitaba un serrucho. Como su sueldo era escaso andaba averiguando precios. Su mujer insistió en que fuera a uno de esos  grandes mercados de la construcción .Marcos le aseguró que así lo haría.
Al día siguiente se encontró con un compañero de trabajo. Le contó lo que planeaba  hacer ese fin de semana y lo difícil que le resultaba conseguir todo lo necesario. Su amigo le recomendó que fuera a una casa de compra venta donde a pesar de ser cosas usadas, el precio y la calidad eran buenos.
El sábado Marcos se acercó  hasta la tienda de objetos de segunda mano .Lo atendió un anciano Marcos le explicó lo que necesitaba El viejo sonrió y se fue a la trastienda, al rato apareció con gran serrucho, reluciente como nuevo. Marcos pensó que sería costoso, pero como el precio era  razonable lo compró.
Curioso, preguntó quien había sido su antiguo dueño y se enteró que había pertenecido a un carnicero retirado, por haber sufrido un accidente. Marcos se dirigió a su hogar donde le esperaba un arduo trabajo. Una vez en casa comenzó la tarea. Acomodó uno de los tirantes sobre dos caballetes tomó las medidas  y comenzó a serrucharlo.
Dado el esfuerzo al ir perdiendo fuerza Marcos notó que el serrucho no le respondía. Él quería que el corte fuera derecho pero el serrucho se empeñaba en que fuera sesgado, acercándose peligrosamente a su muñeca
Al comentárselo  a su mujer  ella le dijo;
–El mal carpintero culpa a sus herramientas, mejor sería que descansaras un poco-.
Desoyéndola siguió serruchando. Era una cuestión de honor, ese serrucho no podría con él!
La mujer escuchó el grito y corrió hacia su esposo. Cuando llegó lo vio sosteniendo su mano. Le hizo un torniquete  y llamó a emergencias.
El médico sorprendido por el corte dijo:
 -Normalmente estos accidentes ocurren con sierras eléctricas jamás con un simple serrucho!-
Un especialista en miembros superiores implantó la mano de Marcos que milagrosamente no se había desangrado.
Al volver a casa, la mujer fue a guardar las herramientas, cuando vio los dientes del serrucho manchados de sangre recordó las palabras del médico y dijo para sí:
 – ¡Este no es un “simple” serrucho… Para mi  es carnívoro! -                      

                                                                                                               Elsa Wade

lunes, 4 de noviembre de 2013

Ocio  
Dicen que el ocio es mal consejero, hija mía                                                                                              
Ha de serlo seguramente, si tienes la mente perturbada.
Mas no lo es, si estás en calma.
¿Es malo acaso, tenderse en la cama boca arriba?
¿Observar como se mueven las hojas de una rama
que atrevida, se empecina en asomarse a tu ventana?
¿O soñar que eres insecto , que  una brizna es una liana,
que te mece en la selva más lejana?
¿Qué hay de malo en tenderse cara al cielo
 y sumergirse en ese inmenso lago?
¿Viajar en una nube o ver como planea una gaviota?
Dejar que el sol te envuelva,
sentir como te inunda la modorra.
Sentir que su calor te abrasa, te circunda
y  permanecer inmóvil, sin decir nada.
Sentirse satisfecha, sin desear nada.
Saber que vives, aún sin hacer nada.
Tomar conciencia, de lo que  realmente eres y dar las gracias.
De malo en eso, te lo aseguro no hay absolutamente nada

 Elsa Wade                           



viernes, 1 de noviembre de 2013

El día que partí

Estabas tú,
Estaba ella, estaba él,
Estaban ellos.
Aquellos y los otros.
Yo también estaba allí.
Nunca me fui.
Aun estoy aquí…
Contigo.
Con él, con ella, con ellos.
Con éstos y con aquellos.
Estoy con todos.
Nunca los abandoné.
Te veo.
Lo veo, la veo, los veo.
Me veo.
Puedo verlo todo
Soy parte de todo,
Soy todo
Todos son parte de mí
                    Elsa Wade



jueves, 17 de octubre de 2013

Silencio
Silencio...                                       
Mudo carcelero.
Condena inapelable.
Paraíso perdido
o merecido infierno.
Silencio...
Ausencias que acompañan.
Presencias que se alejan.
Vacío de sonidos,
que puede ser tortura
o música, a nuestros oídos.
Descanso de la mente
creadora del artista.
Sublime espacio
entre fusas y corcheas.
Instante eterno
que separa al beso
de un “Te quiero”
Silencio...te guardan tanto
aquellos que te temen,
como quienes te atesoran.
Silencio... a algunos enamoras,
 a otros desesperas.

Elsa Wade 


Quien quiera que tú seas,
no importa adonde vas,
de donde hayas venido,
ni cuando partirás.
Eres joven, fuerte, altivo,
No quiero saber más
Yo te amaré tal cual eres
Dijo la niña, a su amante
y en brazos del navegante
se entregó sin titubear.
Antes que llegara el día
la niña amante rendida
él pudo oír sollozar.
Encaramado en tu orgullo,
sigues siempre tu camino
sin mirar quien queda atrás..
No llores así, niña mía,
bien sabes que en pleamar,
he de partir hacia oriente
y no puede zarpar la nave
si no aborda el capitán.
A causa del desencanto
la niña a su ingrato amante
confesó en medio del llanto
Yo sé que es el destino
Sé que pronto partirás
y  que cuando te hayas ido
ya nunca más volverás,
pues eres como un navío
y en pos del sol siempre iras.
Cuando se acerque el estío
yo sé que aquí,  no estarás.
Entonces la niña amante
dejando de lado el llanto
así increpó al navegante
y prosiguió con su canto
Más oye bien lo que digo,
y tenlo siempre presente
¡Tu vida es un gran barullo!
Le dijo sin más ni más…
Vas deshojando capullos
no sabes lo que es amar.
Es un castillo tu orgullo
Mi amor grande como el mar
Más de arena es tu castillo
y mi amor lo ha de arrasar
Entonces un suave arrullo
seguro te hará  ensoñar
y libre ya de tu orgullo
tan solo querrás amar
Continuó la amante niña
profetizando al cantar
Yo sé que es el destino
y que en pos del sol te irás
Más cuando te sientas viejo,
cansado de deambular,
cuando te sepas vencido,
como un potro bravío
que se dejó quebrar,
cuando te sientas solo,
triste y entorpecido,
de los momentos idos
tal vez te has de acordar.
Entonces  y solo entonces
a mi amor querrás tornar
Escucha bien  mi pregunta
¿Crees acaso por fortuna
qué a mí todo me da igual?
¡Necio de ti si eso crees!
¡Cuán equivocado estás!
La doncella que tomaste,
nunca más podrás tomar
Tonta he sido al prodigarme
a quien no me supo amar.
Con amor ardiente y puro
en esa  mi vez primera.
No sé si he de encontrar
alguien que bien me quiera
Alguien que tenga los pies
bien asentados en tierra.
Alguien que quiera mujer
para brindarle su abrigo,
Es todo lo que yo pido
para llamarle marido.
Ya no pienso en el amor
porque dentro de mi pecho
tengo el corazón partido
y en mi mente sin razón
llevo tu nombre prendido.


 Elsa B. Wade  ( 24 /9 / 2005 )

martes, 8 de octubre de 2013

Historia viva

Un fuerte viento de otoño, me arrancó de donde estaba a oscuras, con otras de mis hermanas. El cascarón que nos albergaba cayó al suelo y se abrió, pero no nos atrevimos a asomarnos por la hendidura que tan pronto parecía una veta de oro como de plata.
Pasamos el gélido invierno sumergidas en un profundo sueño, hasta que una tibia mañana de primavera, una ligera brisa me levantó en sus brazos, así comenzó mi vida como semilla.
 Volé muy alto, subí y baje muchas veces, me posé en algunos lugares, que al entender de la brisa no eran los apropiados para mi. Finalmente llegamos a un sitio, donde la tierra abierta en surcos nos esperaba ansiosa.
 De inmediato supe que ella sería mi madre y yo la simiente que dormiría allí. Esperé un largo tiempo hasta que por fin llegaron las lluvias que me mojaron  mansamente, mientras una fuente de energía  me mantenía caliente. Apenas consciente de la metamorfosis de la que era protagonista, yo solo pugnaba por ver nuevamente la luz.
Junto con el verano y el sol ardiente, llegó el día en que la tierra abrió sus entrañas y yo emergí a la vida, como un frágil tallo verde buscando el cielo. La larga espera había dado su fruto.
 Así comenzó mi vida como retoño. A mi alrededor había muchas plantas y tuve que ganarme su respeto y un lugar entre ellas para poder crecer y desarrollar todo mi potencial.
El ciclo anual de las estaciones volvió a comenzar y una vez más me sentí sacudido por el viento otoñal, que se empecinaba en arrancarme de donde  estaba, pero mi madre supo sostenerme y yo logré aferrarme a ella.
Las plantas de hojas grandes, me brindaron su abrigo durante el invierno, protegiéndome de la escarcha y el granizo.
En primavera ya había ganado altura y me sentía más seguro. Nuevos brotes se agregaron a mi incipiente cabellera y me sentí feliz, ya podía ver  la claridad del alba, las nubes rosadas del atardecer y la salida de las primeras estrellas a las que  miraba embelezado.
El verano llegó trayendo color a mi vida ya que muchas de las plantas que me circundaban, se adornaron con flores y  frutos. Entretanto yo me robustecía. Los brotes se estaban transformando en varas flexibles, que se doblaban grácil mente, cuando alguna criatura osaba posarse en ellas.
Pasaron muchas estaciones y cada una traía siempre sus propios desafíos, ráfagas arremolinadas, pesadas lluvias, heladas o sequías, pero yo seguía creciendo, haciéndome cada día más fuerte. Ya había alcanzado una estatura considerable y podía contemplar de más cerca a las palomas que surcaban el cielo como saetas, o a las verdes cotorras, que se perseguían en ruidosas bandadas.
 Mis raíces se habían extendido y me proporcionaban una buena base,  mi tallo  ya no era verde sino oscuro, de aspecto leñoso y áspero ya no se bifurcaba en varas, sino en gruesas ramas. Se había convertido en tronco y yo ya era un árbol. Me sentía muy orgulloso, ya que sería yo, el que protegiera a las plantas  del frío cuando llegara el   invierno.
Un día aparecieron a mis pies unos inquietos y curiosos animalitos, yo les resultaba particularmente atractivo. Les encantaba montarse a horcajadas sobre mí y  afilarse las uñas en mi corteza.  Esto no me causaba daño alguno pero al principio me era un poco molesto.
Sin embargo con  el tiempo, llegué a acostumbrarme a sus corridas y divertidas cabriolas. Me pasaba horas mirando, como se emboscaban entre los arbustos tratando de darse caza entre sí o como rodaban abrazados, hechos una suave bola peluda, aplastando las flores a su paso. Un hada me contó  que así es como juegan los gatos.
Durante muchos otoños me intrigó ver, como a diferencia de otros árboles, yo no mudaba mis hojas, pero casi al finalizar ese invierno, noté que éstas comenzaban a desprenderse de mí en forma de lluvia, hasta que finalmente quede totalmente desnudo, lo que hizo que me sintiera un poco turbado. Después de unas semanas, sentí que algo estaba sucediendo en los extremos de las ramas más finas y altas, aparecieron unos  apretados racimos  de color oscuro.
 Ante mi sorpresa una mañana, al despuntar el día se hicieron visibles hermosos ramilletes. El azul violáceo de las flores semejaba al cielo y  adornaba majestuosamente  mi desnudez.
Desde esa ocasión, cada Noviembre cuando caprichosamente  el firmamento  se viste de gris, estallo en una explosión azul celeste y una fastuosa copa florida me hace lucir como un retazo de cielo con la que se adorna la tierra.
Con el correr de los años, en mis horquetas más gruesas, escondí niños traviesos que no querían dormir la siesta y fui el sostén del columpio donde ensayaban piruetas.
Guardo marcas en mi corteza,  y ellos lucen cicatrices, que les recuerdan el sin fin de aventuras de las que fui silencioso cómplice.
Hoy soy un añoso jacarandá, y mis fuertes ramas saludan al viento de otoño que ulula y sacude mi frondosa copa, donde ahora anidan muchísimas pájaros.
Hay algunos que dejan oír su canto antes de que aclare .La gran mayoría ensayan gorjeos y trinos a la madrugada. Otros se enamoran con dulces arrullos hacia el mediodía, pero es al atardecer cuando todos conforman un coro magnifico para dar las gracias  por cada milagro que a diario acontece.
En los tiempos que corren, mis amigos los elfos me cuentan que ustedes ,los hombres destruyen los bosques y diezman sin tino, árboles milenarios, poniendo en peligro su propio destino.
Por eso te digo que si alguna vez te dicen, que estoy demasiado alto o que soy un peligro, porque se me ve un poco torcido y deciden talarme, quisiera asegurarme que seré para ti, algo más que un tronco, donde puedas sentarte.
Si eso sucediera podrán ver los anillos que llevo escondidos y marcan los años que estuve contigo, pero no podrán imaginar siquiera las maravillosas experiencias  que juntos hemos tenido.
He querido narrarte la historia de todo lo  vivido, porque me queda la esperanza que  quieras escribirla y al volcarla al papel, le recuerdes al mundo  que las hojas que usaste, en un comienzo al igual que yo, también fueron árbol.
No es  solo madera lo que podemos darles y espero que  logres hacer que comprendan cual es el mensaje, que a modo de herencia decidiera dejarte.

Elsa Wade





  

                       

                
           Camila  sonríe

Al alba Camila en su nueva cuna
apenas  asoma , sonríe y saluda
Prendida ya al pecho, sus ojitos buscan
la mirada cómplice, en los de mamá
y sonriendo acepta su dulce manjar.
Arriba y  arriba hacia arriba va
en brazos de padre, vuela hacia lo alto
y desde lo alto, sonriente hacia abajo,
como una avioneta la veo planear.
Detrás de la cámara, el abuelo está.
Camila sonríe, posa complaciente,
y el flash reluciente, su dulce sonrisa,
en solo un instante logra atesorar.
Sonriente, Camila erguida y valiente
haciendo pininos, se dispone a andar
Los duendes traviesos, a sus pies  dibujan 
con polvo dorado, senderos de hojas
que el pícaro Otoño les sabe aventar.
Si por esas cosas, trastabilla y cae,
Camila sonríe ,en vez de llorar.
Diminutas  hadas, arrullan su sueño
y le cuentan  cuentos de Nunca jamás.
Quizás sea por eso, que mi pequeñita
cuando está dormida, sonríe al soñar.
¡Sonríe Camila, sonríe sin  más!
¡No dejes que se rompa el mágico hechizo
con que me cautiva , tu tierna sonrisa!
¡Siempre que sonrías, yo tendré  motivo para no llorar!

Elsa Wade


jueves, 26 de septiembre de 2013

Para propuesta :  Indiferencia

Era viernes, simplemente me dejé llevar por la marea humana, que era engullida por la boca del subte.
Ya en el túnel, recuperé el estado de alerta necesario para  sobrevivir a la aventura que implica viajar en ese horario.
Al final del andén vi un joven que inmediatamente captó mi atención. Se destacaba entre todas, probablemente por su indumentaria y su forma de andar .Vestía ropa clara y suelta y su rostro, no mostraba signos de cansancio o fastidio. Se desplazaba totalmente distendido. Sus ojos tenían una luz especial.
Cuando llegó el tren subí empujado por todos los que estaban detrás de mí, así que mientras trataba de no morir aplastado  dejé de pensar en él.
Al iniciarse el viaje, volvió a mi mente ese rostro que se podía describir como el de un hombre feliz, pero la fatiga de una larga jornada, hicieron que me olvidara del extraño joven. 
El viernes siguiente después del trabajo, según lo convenido con mi ex esposa, pasé por el conservatorio a buscar a mi hijo Gastón, quien cada quince días pasa el fin de semana conmigo. Estábamos  invitados a  una casa quinta ubicada al sur del  Gran  Bs. As. por lo que debíamos dirigirnos a Plaza Constitución
Caminamos hacia el de subte que quedaba a pocas cuadras. Faltaban unos metros cuando creí reconocer  al joven  entre  todos los  que se abalanzaban escaleras  abajo. Por miedo a que  Gastón se cayera, no me apresuré para alcanzarlo. En el andén, apuré mi paso. Gastón me siguió dando saltitos y tomándose del estuche de la guitarra que yo llevaba.
Al acercarme pude notar como miraba a un anciano ciego, quien a pesar de su infortunio trataba de alegrarnos el viaje tocando sus castañuelas.
El joven miró al viejo con gran ternura y mientras le sonreía vi como dos lágrimas rodaban por sus mejillas. Gastón parado frente  al mendigo, tironeaba de mi saco, para que pusiera unas monedas en su gorra, lo cual hice para que accediera a subir al convoy  a punto de partir.
Finalmente llegamos a Constitución allí el panorama era más desolador a cada paso. Los ojos de Gastón se agrandaron espantados al ver los cuerpos inertes de unos chicos de su edad, que dormían amontonados calentándose mutuamente, como cachorros de una misma lechigada.
Más adelante se sorprendió frente una madre adolescente, que sentada en el suelo amamantaba un bebé y un poco más allá observó  atónito, las miserias de un borracho que se había desplomado sobre su propio vómito.
Los que pasamos por allí con cierta frecuencia, inmunes al dolor  seguimos nuestro camino indiferentes
pero ese día no pude evitar un sentimiento de vergüenza.
El joven de ropas claras continuaba caminando a nuestro lado, pero a diferencia de Gastón, su mirada no denotaba asombro, sino mucha dulzura. Su  rostro bañado en lágrimas lucía hermoso y cada vez que miraba a los ojos de algún desdichado, sonreía de un modo muy especial, como si su  llanto fuera  una caricia que les llevaba consuelo. Extrañamente todos le devolvían la sonrisa.
Gastón reparó en él y se quedó viéndolo muy intrigado, luego  me miró, su vista iba de uno al otro.
 Yo estaba incómodo, imaginando las preguntas que seguramente me haría en cualquier momento. Opté por adelantarme y le pregunté
-¿Qué estas mirando con tanta insistencia? –
-Ese hombre está llorando -me respondió
-¡Los hombres también lloran a veces! dije quitándole  importancia.
 En su inocencia  mi hijo insistió:
-Pero es raro llora  y le sonríe a los pobres… a mí también me sonrió.- afirmó Gastón
-¡Vaya uno a saber quién es, o que le pasa por la cabeza!_  le contesté
-¡Yo creo que es un ángel!- replicó  Gastón enfáticamente

  Entonces yo... ¡Yo… no supe qué contestarle!
                                           

Elsa Wade

domingo, 22 de septiembre de 2013

El sillón
Era un  antiguo sillón de madera con la cabeza de un ave de presa tallada en su respaldo, y con apoya brazos terminados en garras. Sentarse en él resultaba un tanto inquietante. Después de la subasta lo ubicaron en un local de compraventa. En su lustrosa madera iba germinando el odio  que lo carcomía como si fueran polillas.
Cuando lo escucho abriendo la puerta  el rencor hizo crepitar sus  encastres y retorció sus  vetas. En el contramarco  se recortó  la figura del causante de su desgracia. El comerciante se aproximó, lo observó largamente y luego se desplomó en su asiento como si siempre le hubiera pertenecido. Ebrio de poder se fue adormeciendo.
Fue entonces que  sus brazos  rodearon su torso y sus potentes garras se fueron acercando a su garganta. Hubo un momento en el que el hombre se sintió sofocado y trató de incorporarse pero fue en vano,  ya se había  cobrado su presa.
En los periódicos de la mañana aparecía la foto de un hombre que había muerto desangrado. Lo más extraño del caso, eran las marcas que tenía en su cuello. Los peritos forenses aseguraban que coincidían con las garras de los brazos del sillón donde lo encontraron sentado.
                                                                          Elsa Wade             




miércoles, 18 de septiembre de 2013

Sur

Sur, desolado paisaje
Azul salino, oscuro limo
mezclado con siena y terracota.
Sur, multitud de soledades.
Estallido de verde intemporal
salpicado por un blanco perpetuo.
Sur, una cruz bordada de estrellas.
Lugar de encuentros y de olvidos.
Sur , lugar soñado
Cobijo de quimeras y utopías.
Tu cielo espera.


                  Elsa Wade
“Una mujer que ha despertado

puede despertar a otra mujer


La segunda despierta a su vecina


La tercera puede despertar a la ciudad


Y juntas pueden volver el mundo entero del revés


Pueden formar una algarabía que finalmente
despierte al resto de nosotros


Una mujer con el amanecer en los ojos
Se multiplica.”


(desconozco el autor)

domingo, 15 de septiembre de 2013

Tankas

Poemas y algo más:

TANKAS
El cielo azul
Las nubes de algodón
Y las chicharras
Al compás de su violín
Ensayando su canción.

Horas dichosas
Guardo en mi memoria
Tiempos felices
Conjuran mis recuerdos
Para seguir andando.

Quiero dialogar
Pero   tú monologas
Entonces callo
Quiero que sepas vida
Que por amarte muero.


Elsa Wade

Poemas y algo más: Abanico al viento agitando brisas c...

Poemas y algo más:



HAIKUS
Versos secretos
Susurrados al oído
Amor soñado.

Tiempo de dulces sueños
Noche de rondas
Rondas y besos.

Traje de cola
Tiene la novia
Salpicado de rocío.

Elsa Wade












Abanico al viento agitando brisas c...
: Abanico al viento agitando brisas con aroma a hierba buena. Blanca mantilla de azahares y escarpines de cristal. ...

viernes, 13 de septiembre de 2013

Poemas y algo más: Poemas y algo más: Espejito,espejito ...

Poemas y algo más: Poemas y algo más: Espejito,espejito ...: Poemas y algo más: Espejito… espejito.  María vivía en un pueblito donde todos se conocían .Ella sentía la necesidad de ser aceptada .Po...




Desde el dolor.....y la rabia

El dolor me desgarra.
Estoy desencarnado.
El rojo me circunda.
Me aferro a la vida
sostenido a la rabia.
Anochece el alba.
Un muro de hielo
ante mi se levanta.
Ya no es posible huir.
Un grito se asoma
a mi garganta,
pero no se deja oír.
La noche se hace cuna
y yo me dejo morir.


         Elsa Wade

jueves, 12 de septiembre de 2013

Poemas y algo más: Espejito,espejito ...

Poemas y algo más:


Espejito… espejito.

 María vivía en un pueblito donde todos se conocían .Ella sentía la necesidad de ser aceptada .Por esa razón obedecía a sus mayores sin cuestionarlos  y jamás contrariaba a sus amigas postergando sus más íntimos deseos.
 María no era feliz. A pesar de todos sus esfuerzos por agradar, sentía que nadie  valoraba incondicionalidad. La realidad era que nadie conocía cuáles eran sus sentimientos o necesidades. Solo ella los conocía.
Una noche mientras cepillaba su larga cabellera  frente al espejo en lugar de ver su rostro, vio la cara de alguien muy diferente al suyo. Esa imagen le habló y le dijo
-Mírate en tu propio reflejo. Ahora que no hay nadie a tu alrededor mírate tal cual eres, arranca la máscara que cubre tu verdadero rostro. Solo estás tú y nadie más podrá juzgarte. Obsérvate detalladamente y toma nota de cada pensamiento que te venga a la mente. Haz una lista de todo lo bueno y de todo lo desfavorable –

Sorprendida, se pellizcó para constatar que no soñaba. No, estaba bien despierta. Corrió por un lápiz y un papel y comenzó a hacerla lista. En una columna anotó  lo  que le hubieran gustado hacer y en la otra, las excusas por que había dejado de hacerlo.
Cuando formulaba un deseo, inmediatamente surgía un obstáculo…Que no sería capaz, que no podría costearlo, que no valía la pena…. La balanza se inclinaba a favor de lo negativo. Comprendió la razón de su tristeza  e insatisfacción. Entonces el espejo le habló nuevamente.

-Comienza por ti .Nadie conoce cuáles son tus anhelos, o necesidades Trabaja esos aspectos desfavorables que señalaste para lograr mejores resultados Ya has emprendido ese maravilloso viaje hacia tu interior, a sincérate contigo misma y conoce tu verdadero Ser.
Muchos  como tu se desprecian y se consideran seres sin valor, indignos de ser amados. Desde hoy mismo, cualquier apreciación negativa que tengas sobre ti puede cambiar.
-Pero yo….intento responder la muchacha pero el espejo  la interrumpió
-¡Empieza ahora!  Continuarás  tendiendo tu mano a otros, pero desde un conocimiento más profundo sobre quién eres y cómo te sientes.
Este será el primer paso en tu búsqueda interna que te permitirá rescatar esos deseos y atreverte a cumplirlos. Saca a la luz esas metas que un día dejaste guardadas en ese viejo cajón... ¿Qué tal si te atreves?

Ese noche cambió la vida de María, poco a poco fue aprendiendo a reconocer sus virtudes, sanó sus heridas, y se dio el permiso de soñar y creó  su propia  realidad.
Hoy María es una mujer que peina canas. Cada noche antes de dormir, se sienta frente al espejo  y mientas se pone crema en su rostro, sonríe satisfecha y conversa con el espejo. Le cuenta cómo fue su día, le habla de sus logros y de sus proyectos .Si alguien la sorprende hablando sola y le pregunta  qué es lo que le pasa, ella simplemente le responde
-Estoy conversando con mi espejo mágico-y sigue haciendo lo suyo.
                                                                                                                                          Elsa Wade


















Abanico al viento agitando brisas c...
: Abanico al viento agitando brisas con aroma a hierba buena. Blanca mantilla de azahares y escarpines de cristal. ...

sábado, 7 de septiembre de 2013

El legado
Llegaron al estudio a la hora acordada, para la lectura del testamento del abuelo. A diferencia del resto Carlota no esperaba recibir  dinero o propiedades, ni siquiera el piano del anciano.
Comenzó la lectura del escrito y el escribano fue entregando la documentación donde se acreditaba lo que cada uno recibiría .Cuando llegó su turno, el notario se inclinó hacía un costado, levantó del piso una lustrosa caja de madera, y se la entregó.  A pesar que Carlota sabía cuál era su contenido,  la ansiedad por abrirla la consumía.
Al hacerlo apenas pudo contener un grito de alegría .Ante ella se desplegaba un arcoíris de colores  y alineados perfectamente según su tamaño, los pinceles, que su abuelo tanto le había mezquinado siendo niña.
Ya en su casa, donde vivía sola con su gato negro, se dirigió al escritorio. Entre  el desorden de sus papeles encontró un lienzo que  acomodó sobre un atril cerca de la ventana. .Trató de  pintar  un paisaje norteño, pero no pudo.
Frustrada dejó el pincel y tomó la pluma. Una suave lluvia  las palabras fue cayendo sobre el papel en blanco. Mágicamente surgieron  los colores. El cielo color grana, sobre los cerros violetas y naranjas. Verde intemporal para los cactus. Azul la bruma. Salpicó los caminos polvorientos con ocres y amarillos. Cerca ya del punto final inexplorado, con algo de negro, sobre el rojo ocaso recortó una silueta en un tejado. Entonces suspiró  aliviada alguien la esperaba al final del camino. (248 palabras)                                                                                                                             Elsa Wade

Muerte

Quiero dialogar contigo,
pero tú solo monologas.
Si te grito, susurras a mi oído
entonces yo me callo.
Cada noche, abres en mí una llaga
que sana, al llegar el nuevo día.
Cuando lloro, no quiero que te rías,
pues mi llanto es solo por la vida.
Muerte, quiero que sepas,
que si por tu ausencia vivo
y por tu presencia muero.
Aunque no lo creas.
Quiero vivir y morir quiero
porque si vivo, muero
pero si muero, vivo.

Elsa Wade



miércoles, 4 de septiembre de 2013

 La Abuela

Gran matriarca, poetiza.
Nadie diría que arcaica,
más bien jovial pitonisa.
Mezcla el llanto con la risa,
tiene secretos que no devela
y en sus ojos hay misterio.
Es la que lo sabe todo,
también la que todo calla.
Para bien o para mal,
es la que acepta o condena.
La que nos une en un clan,
La gran matriarca es…
La Abuela.


Elsa Wade




















Nueves lunas

El amor que fue deseo
enlazó besos y gemidos .
Dibujó en tu cuerpo ,
mágicos caminos
bordeados de sueños.
Abrevó en tu piel
gotas de rocío.
Se posó en tu boca
como en flor abierta.
Se embriagó con néctar
para dormir en tu seno
El espacio y tiempo,
no tuvieron secretos.
La ilusión te conmueve….
La savia de tu sangre
en espera se mece
La novena luna
su luz le mostrará
Una puerta de carne
será  la primera,
Después  tú …
le  abrirás  otras puertas,
 al  Amor, a la Verdad y a la Sabiduría.


Elsa Wade

martes, 3 de septiembre de 2013

Nadim un joyero cuarentón  de aspecto enfermizo, estaba casado con una joven muchacha a quien obsesionaban las joyas. Cuando su marido terminaba alguna alhaja, ella se las probaba extasiada frente al espejo.
Alfonso el joven que distribuía las piezas terminadas, la adulaba y ella respondía con miradas   provocativas. Nadim sospechaba de ellos  y aunque nunca lo pudo comprobar, estaba seguro del engaño.
Una tarde estaba dándole los últimos toques a un  alfiler de corbata, cuando de improviso Reina se  lo arrebató para ver como lucía en su sombrero.
Nadim la increpó  y trató de sacarle la joya. Reina lo sorprendió asestándole un golpe en medio de la cara.  Transformado por la furia le dio  empujón y Reina  cayó sobre la cama. Sin dudar tomó  el alfiler y lo hundió  en su pecho. Luego  se inclino sobre ella, tomó el pinche con firmeza lo arrancó de un tirón. Corrió la blusa  que apenas cubría los  senos desnudos y pudo ver  un punto rosado justo a  la altura del corazón.
 La observó unos segundos y sin denotar emoción alguna bajó una valija  del  ropero donde acomodó algunas prendas, no sin antes elegir una corbata. Se paró frente al espejo y con gran parsimonia hizo el lazo. El reflejo mostraba  un nudo perfecto .Con una sonrisa prendió el alfiler a su corbata. Después dejó la habitación cerrando la puerta tras de sí, sin hacer ruido.
Cuando  el tren se detuvo, caminó hasta llegar a una pequeña hostería. El paraje era solitario la noche lo circundaba todo.
Una vez ubicado en la habitación, insomne y desolado se sentó en el sillón junto a la ventana. El frío se condensaba en los cristales.
De pronto surgió la visión fantasmagórica de Reina. Su silueta contorneada por claroscuros se fue sumergiendo en un halo dorado hasta fundirse en una luz enceguecedora como la noche misma.
Abrió la ventana y con los brazos extendidos trató de llegar hasta ella sin distinguirla claramente. Entrecerró los ojos y pudo verla cubierta de joyas y resplandeciente como una diosa. Tomó sus manos y sintió que lo atraía hacia sí. Sin resistirse se dejó llevar por el fuerte magnetismo que fluía de su luminosidad  y como una mariposa noctámbula atrapada  por un cirio encendido, se diluyó en ella.
La pasión que inflamaba su  sangre se congeló en sus venas y todo su ser se perdió en la oscuridad.
 Cuando llegó la policía, el conserje no pudo dar muchos datos sobre el cuerpo sin vida que se encontraba a la entrada de la hostería, solo dijo que el hombre había tomado la habitación por esa única noche.
Elsa Wade