EL SERRUCHO
Marcos quería hacer unos arreglos en el techo y
necesitaba un serrucho. Como su sueldo era escaso andaba averiguando precios.
Su mujer insistió en que fuera a uno de esos
grandes mercados de la construcción .Marcos le aseguró que así lo haría.
Al día siguiente se encontró con un compañero de
trabajo. Le contó lo que planeaba hacer
ese fin de semana y lo difícil que le resultaba conseguir todo lo necesario. Su
amigo le recomendó que fuera a una casa de compra venta donde a pesar de ser
cosas usadas, el precio y la calidad eran buenos.
El sábado Marcos se acercó hasta la tienda de objetos de segunda mano .Lo
atendió un anciano Marcos le explicó lo que necesitaba El viejo sonrió y se fue
a la trastienda, al rato apareció con gran serrucho, reluciente como nuevo. Marcos
pensó que sería costoso, pero como el precio era razonable lo compró.
Curioso, preguntó quien había sido su antiguo dueño
y se enteró que había pertenecido a un carnicero retirado, por haber sufrido un
accidente. Marcos se dirigió a su hogar donde le esperaba un arduo trabajo. Una
vez en casa comenzó la tarea. Acomodó uno de los tirantes sobre dos caballetes tomó
las medidas y comenzó a serrucharlo.
Dado el esfuerzo al ir perdiendo fuerza Marcos notó
que el serrucho no le respondía. Él quería que el corte fuera derecho pero el
serrucho se empeñaba en que fuera sesgado, acercándose peligrosamente a su
muñeca
Al comentárselo
a su mujer ella le dijo;
–El mal carpintero culpa a sus herramientas, mejor
sería que descansaras un poco-.
Desoyéndola siguió serruchando. Era una cuestión de
honor, ese serrucho no podría con él!
La mujer escuchó el grito y corrió hacia su esposo.
Cuando llegó lo vio sosteniendo su mano. Le hizo un torniquete y llamó a emergencias.
El médico sorprendido por el corte dijo:
-Normalmente
estos accidentes ocurren con sierras eléctricas jamás con un simple serrucho!-
Un especialista en miembros superiores implantó la
mano de Marcos que milagrosamente no se había desangrado.
Al volver a casa, la mujer fue a guardar las
herramientas, cuando vio los dientes del serrucho manchados de sangre recordó
las palabras del médico y dijo para sí:
– ¡Este no
es un “simple” serrucho… Para mi es carnívoro!
-
Elsa Wade

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