El
legado
Llegaron al estudio a la hora acordada, para la lectura del
testamento del abuelo. A diferencia del resto Carlota no esperaba recibir dinero o propiedades, ni siquiera el piano
del anciano.
Comenzó la lectura del escrito y el escribano fue
entregando la documentación donde se acreditaba lo que cada uno recibiría .Cuando
llegó su turno, el notario se inclinó hacía un costado, levantó del piso una
lustrosa caja de madera, y se la entregó.
A pesar que Carlota sabía cuál era su contenido, la ansiedad por abrirla la consumía.
Al hacerlo apenas pudo contener un grito de
alegría .Ante ella se desplegaba un arcoíris de colores y alineados perfectamente según su tamaño,
los pinceles, que su abuelo tanto le había mezquinado siendo niña.
Ya en su casa, donde vivía sola con su gato
negro, se dirigió al escritorio. Entre el desorden de sus papeles encontró un lienzo que
acomodó sobre un atril cerca de la
ventana. .Trató de pintar un paisaje norteño, pero no pudo.
Frustrada dejó el pincel y tomó la pluma. Una suave
lluvia las palabras fue cayendo sobre el
papel en blanco. Mágicamente surgieron
los colores. El cielo color grana, sobre los cerros violetas y naranjas.
Verde intemporal para los cactus. Azul la bruma. Salpicó los caminos
polvorientos con ocres y amarillos. Cerca ya del punto final inexplorado, con
algo de negro, sobre el rojo ocaso recortó una silueta en un tejado. Entonces
suspiró aliviada alguien la esperaba al
final del camino. (248 palabras) Elsa Wade

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