sábado, 7 de septiembre de 2013

El legado
Llegaron al estudio a la hora acordada, para la lectura del testamento del abuelo. A diferencia del resto Carlota no esperaba recibir  dinero o propiedades, ni siquiera el piano del anciano.
Comenzó la lectura del escrito y el escribano fue entregando la documentación donde se acreditaba lo que cada uno recibiría .Cuando llegó su turno, el notario se inclinó hacía un costado, levantó del piso una lustrosa caja de madera, y se la entregó.  A pesar que Carlota sabía cuál era su contenido,  la ansiedad por abrirla la consumía.
Al hacerlo apenas pudo contener un grito de alegría .Ante ella se desplegaba un arcoíris de colores  y alineados perfectamente según su tamaño, los pinceles, que su abuelo tanto le había mezquinado siendo niña.
Ya en su casa, donde vivía sola con su gato negro, se dirigió al escritorio. Entre  el desorden de sus papeles encontró un lienzo que  acomodó sobre un atril cerca de la ventana. .Trató de  pintar  un paisaje norteño, pero no pudo.
Frustrada dejó el pincel y tomó la pluma. Una suave lluvia  las palabras fue cayendo sobre el papel en blanco. Mágicamente surgieron  los colores. El cielo color grana, sobre los cerros violetas y naranjas. Verde intemporal para los cactus. Azul la bruma. Salpicó los caminos polvorientos con ocres y amarillos. Cerca ya del punto final inexplorado, con algo de negro, sobre el rojo ocaso recortó una silueta en un tejado. Entonces suspiró  aliviada alguien la esperaba al final del camino. (248 palabras)                                                                                                                             Elsa Wade

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