El sillón
Era
un antiguo sillón de madera con la
cabeza de un ave de presa tallada en su respaldo, y con apoya brazos terminados
en garras. Sentarse en él resultaba un tanto inquietante. Después de la subasta
lo ubicaron en un local de compraventa. En su lustrosa madera iba germinando el
odio que lo carcomía como si fueran
polillas.
Cuando
lo escucho abriendo la puerta el rencor hizo crepitar sus encastres y retorció sus vetas. En el contramarco se recortó
la figura del causante de su desgracia. El comerciante se aproximó, lo
observó largamente y luego se desplomó en su asiento como si siempre le hubiera
pertenecido. Ebrio de poder se fue adormeciendo.
Fue
entonces que sus brazos rodearon su torso y sus potentes garras se
fueron acercando a su garganta. Hubo un momento en el que el hombre se sintió
sofocado y trató de incorporarse pero fue en vano, ya se había cobrado su presa.
En
los periódicos de la mañana aparecía la foto de un hombre que había muerto
desangrado. Lo más extraño del caso, eran las marcas que tenía en su cuello.
Los peritos forenses aseguraban que coincidían con las garras de los brazos del
sillón donde lo encontraron sentado.
Elsa Wade

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