jueves, 26 de septiembre de 2013

Para propuesta :  Indiferencia

Era viernes, simplemente me dejé llevar por la marea humana, que era engullida por la boca del subte.
Ya en el túnel, recuperé el estado de alerta necesario para  sobrevivir a la aventura que implica viajar en ese horario.
Al final del andén vi un joven que inmediatamente captó mi atención. Se destacaba entre todas, probablemente por su indumentaria y su forma de andar .Vestía ropa clara y suelta y su rostro, no mostraba signos de cansancio o fastidio. Se desplazaba totalmente distendido. Sus ojos tenían una luz especial.
Cuando llegó el tren subí empujado por todos los que estaban detrás de mí, así que mientras trataba de no morir aplastado  dejé de pensar en él.
Al iniciarse el viaje, volvió a mi mente ese rostro que se podía describir como el de un hombre feliz, pero la fatiga de una larga jornada, hicieron que me olvidara del extraño joven. 
El viernes siguiente después del trabajo, según lo convenido con mi ex esposa, pasé por el conservatorio a buscar a mi hijo Gastón, quien cada quince días pasa el fin de semana conmigo. Estábamos  invitados a  una casa quinta ubicada al sur del  Gran  Bs. As. por lo que debíamos dirigirnos a Plaza Constitución
Caminamos hacia el de subte que quedaba a pocas cuadras. Faltaban unos metros cuando creí reconocer  al joven  entre  todos los  que se abalanzaban escaleras  abajo. Por miedo a que  Gastón se cayera, no me apresuré para alcanzarlo. En el andén, apuré mi paso. Gastón me siguió dando saltitos y tomándose del estuche de la guitarra que yo llevaba.
Al acercarme pude notar como miraba a un anciano ciego, quien a pesar de su infortunio trataba de alegrarnos el viaje tocando sus castañuelas.
El joven miró al viejo con gran ternura y mientras le sonreía vi como dos lágrimas rodaban por sus mejillas. Gastón parado frente  al mendigo, tironeaba de mi saco, para que pusiera unas monedas en su gorra, lo cual hice para que accediera a subir al convoy  a punto de partir.
Finalmente llegamos a Constitución allí el panorama era más desolador a cada paso. Los ojos de Gastón se agrandaron espantados al ver los cuerpos inertes de unos chicos de su edad, que dormían amontonados calentándose mutuamente, como cachorros de una misma lechigada.
Más adelante se sorprendió frente una madre adolescente, que sentada en el suelo amamantaba un bebé y un poco más allá observó  atónito, las miserias de un borracho que se había desplomado sobre su propio vómito.
Los que pasamos por allí con cierta frecuencia, inmunes al dolor  seguimos nuestro camino indiferentes
pero ese día no pude evitar un sentimiento de vergüenza.
El joven de ropas claras continuaba caminando a nuestro lado, pero a diferencia de Gastón, su mirada no denotaba asombro, sino mucha dulzura. Su  rostro bañado en lágrimas lucía hermoso y cada vez que miraba a los ojos de algún desdichado, sonreía de un modo muy especial, como si su  llanto fuera  una caricia que les llevaba consuelo. Extrañamente todos le devolvían la sonrisa.
Gastón reparó en él y se quedó viéndolo muy intrigado, luego  me miró, su vista iba de uno al otro.
 Yo estaba incómodo, imaginando las preguntas que seguramente me haría en cualquier momento. Opté por adelantarme y le pregunté
-¿Qué estas mirando con tanta insistencia? –
-Ese hombre está llorando -me respondió
-¡Los hombres también lloran a veces! dije quitándole  importancia.
 En su inocencia  mi hijo insistió:
-Pero es raro llora  y le sonríe a los pobres… a mí también me sonrió.- afirmó Gastón
-¡Vaya uno a saber quién es, o que le pasa por la cabeza!_  le contesté
-¡Yo creo que es un ángel!- replicó  Gastón enfáticamente

  Entonces yo... ¡Yo… no supe qué contestarle!
                                           

Elsa Wade

domingo, 22 de septiembre de 2013

El sillón
Era un  antiguo sillón de madera con la cabeza de un ave de presa tallada en su respaldo, y con apoya brazos terminados en garras. Sentarse en él resultaba un tanto inquietante. Después de la subasta lo ubicaron en un local de compraventa. En su lustrosa madera iba germinando el odio  que lo carcomía como si fueran polillas.
Cuando lo escucho abriendo la puerta  el rencor hizo crepitar sus  encastres y retorció sus  vetas. En el contramarco  se recortó  la figura del causante de su desgracia. El comerciante se aproximó, lo observó largamente y luego se desplomó en su asiento como si siempre le hubiera pertenecido. Ebrio de poder se fue adormeciendo.
Fue entonces que  sus brazos  rodearon su torso y sus potentes garras se fueron acercando a su garganta. Hubo un momento en el que el hombre se sintió sofocado y trató de incorporarse pero fue en vano,  ya se había  cobrado su presa.
En los periódicos de la mañana aparecía la foto de un hombre que había muerto desangrado. Lo más extraño del caso, eran las marcas que tenía en su cuello. Los peritos forenses aseguraban que coincidían con las garras de los brazos del sillón donde lo encontraron sentado.
                                                                          Elsa Wade             




miércoles, 18 de septiembre de 2013

Sur

Sur, desolado paisaje
Azul salino, oscuro limo
mezclado con siena y terracota.
Sur, multitud de soledades.
Estallido de verde intemporal
salpicado por un blanco perpetuo.
Sur, una cruz bordada de estrellas.
Lugar de encuentros y de olvidos.
Sur , lugar soñado
Cobijo de quimeras y utopías.
Tu cielo espera.


                  Elsa Wade
“Una mujer que ha despertado

puede despertar a otra mujer


La segunda despierta a su vecina


La tercera puede despertar a la ciudad


Y juntas pueden volver el mundo entero del revés


Pueden formar una algarabía que finalmente
despierte al resto de nosotros


Una mujer con el amanecer en los ojos
Se multiplica.”


(desconozco el autor)

domingo, 15 de septiembre de 2013

Tankas

Poemas y algo más:

TANKAS
El cielo azul
Las nubes de algodón
Y las chicharras
Al compás de su violín
Ensayando su canción.

Horas dichosas
Guardo en mi memoria
Tiempos felices
Conjuran mis recuerdos
Para seguir andando.

Quiero dialogar
Pero   tú monologas
Entonces callo
Quiero que sepas vida
Que por amarte muero.


Elsa Wade

Poemas y algo más: Abanico al viento agitando brisas c...

Poemas y algo más:



HAIKUS
Versos secretos
Susurrados al oído
Amor soñado.

Tiempo de dulces sueños
Noche de rondas
Rondas y besos.

Traje de cola
Tiene la novia
Salpicado de rocío.

Elsa Wade












Abanico al viento agitando brisas c...
: Abanico al viento agitando brisas con aroma a hierba buena. Blanca mantilla de azahares y escarpines de cristal. ...

viernes, 13 de septiembre de 2013

Poemas y algo más: Poemas y algo más: Espejito,espejito ...

Poemas y algo más: Poemas y algo más: Espejito,espejito ...: Poemas y algo más: Espejito… espejito.  María vivía en un pueblito donde todos se conocían .Ella sentía la necesidad de ser aceptada .Po...




Desde el dolor.....y la rabia

El dolor me desgarra.
Estoy desencarnado.
El rojo me circunda.
Me aferro a la vida
sostenido a la rabia.
Anochece el alba.
Un muro de hielo
ante mi se levanta.
Ya no es posible huir.
Un grito se asoma
a mi garganta,
pero no se deja oír.
La noche se hace cuna
y yo me dejo morir.


         Elsa Wade

jueves, 12 de septiembre de 2013

Poemas y algo más: Espejito,espejito ...

Poemas y algo más:


Espejito… espejito.

 María vivía en un pueblito donde todos se conocían .Ella sentía la necesidad de ser aceptada .Por esa razón obedecía a sus mayores sin cuestionarlos  y jamás contrariaba a sus amigas postergando sus más íntimos deseos.
 María no era feliz. A pesar de todos sus esfuerzos por agradar, sentía que nadie  valoraba incondicionalidad. La realidad era que nadie conocía cuáles eran sus sentimientos o necesidades. Solo ella los conocía.
Una noche mientras cepillaba su larga cabellera  frente al espejo en lugar de ver su rostro, vio la cara de alguien muy diferente al suyo. Esa imagen le habló y le dijo
-Mírate en tu propio reflejo. Ahora que no hay nadie a tu alrededor mírate tal cual eres, arranca la máscara que cubre tu verdadero rostro. Solo estás tú y nadie más podrá juzgarte. Obsérvate detalladamente y toma nota de cada pensamiento que te venga a la mente. Haz una lista de todo lo bueno y de todo lo desfavorable –

Sorprendida, se pellizcó para constatar que no soñaba. No, estaba bien despierta. Corrió por un lápiz y un papel y comenzó a hacerla lista. En una columna anotó  lo  que le hubieran gustado hacer y en la otra, las excusas por que había dejado de hacerlo.
Cuando formulaba un deseo, inmediatamente surgía un obstáculo…Que no sería capaz, que no podría costearlo, que no valía la pena…. La balanza se inclinaba a favor de lo negativo. Comprendió la razón de su tristeza  e insatisfacción. Entonces el espejo le habló nuevamente.

-Comienza por ti .Nadie conoce cuáles son tus anhelos, o necesidades Trabaja esos aspectos desfavorables que señalaste para lograr mejores resultados Ya has emprendido ese maravilloso viaje hacia tu interior, a sincérate contigo misma y conoce tu verdadero Ser.
Muchos  como tu se desprecian y se consideran seres sin valor, indignos de ser amados. Desde hoy mismo, cualquier apreciación negativa que tengas sobre ti puede cambiar.
-Pero yo….intento responder la muchacha pero el espejo  la interrumpió
-¡Empieza ahora!  Continuarás  tendiendo tu mano a otros, pero desde un conocimiento más profundo sobre quién eres y cómo te sientes.
Este será el primer paso en tu búsqueda interna que te permitirá rescatar esos deseos y atreverte a cumplirlos. Saca a la luz esas metas que un día dejaste guardadas en ese viejo cajón... ¿Qué tal si te atreves?

Ese noche cambió la vida de María, poco a poco fue aprendiendo a reconocer sus virtudes, sanó sus heridas, y se dio el permiso de soñar y creó  su propia  realidad.
Hoy María es una mujer que peina canas. Cada noche antes de dormir, se sienta frente al espejo  y mientas se pone crema en su rostro, sonríe satisfecha y conversa con el espejo. Le cuenta cómo fue su día, le habla de sus logros y de sus proyectos .Si alguien la sorprende hablando sola y le pregunta  qué es lo que le pasa, ella simplemente le responde
-Estoy conversando con mi espejo mágico-y sigue haciendo lo suyo.
                                                                                                                                          Elsa Wade


















Abanico al viento agitando brisas c...
: Abanico al viento agitando brisas con aroma a hierba buena. Blanca mantilla de azahares y escarpines de cristal. ...

sábado, 7 de septiembre de 2013

El legado
Llegaron al estudio a la hora acordada, para la lectura del testamento del abuelo. A diferencia del resto Carlota no esperaba recibir  dinero o propiedades, ni siquiera el piano del anciano.
Comenzó la lectura del escrito y el escribano fue entregando la documentación donde se acreditaba lo que cada uno recibiría .Cuando llegó su turno, el notario se inclinó hacía un costado, levantó del piso una lustrosa caja de madera, y se la entregó.  A pesar que Carlota sabía cuál era su contenido,  la ansiedad por abrirla la consumía.
Al hacerlo apenas pudo contener un grito de alegría .Ante ella se desplegaba un arcoíris de colores  y alineados perfectamente según su tamaño, los pinceles, que su abuelo tanto le había mezquinado siendo niña.
Ya en su casa, donde vivía sola con su gato negro, se dirigió al escritorio. Entre  el desorden de sus papeles encontró un lienzo que  acomodó sobre un atril cerca de la ventana. .Trató de  pintar  un paisaje norteño, pero no pudo.
Frustrada dejó el pincel y tomó la pluma. Una suave lluvia  las palabras fue cayendo sobre el papel en blanco. Mágicamente surgieron  los colores. El cielo color grana, sobre los cerros violetas y naranjas. Verde intemporal para los cactus. Azul la bruma. Salpicó los caminos polvorientos con ocres y amarillos. Cerca ya del punto final inexplorado, con algo de negro, sobre el rojo ocaso recortó una silueta en un tejado. Entonces suspiró  aliviada alguien la esperaba al final del camino. (248 palabras)                                                                                                                             Elsa Wade

Muerte

Quiero dialogar contigo,
pero tú solo monologas.
Si te grito, susurras a mi oído
entonces yo me callo.
Cada noche, abres en mí una llaga
que sana, al llegar el nuevo día.
Cuando lloro, no quiero que te rías,
pues mi llanto es solo por la vida.
Muerte, quiero que sepas,
que si por tu ausencia vivo
y por tu presencia muero.
Aunque no lo creas.
Quiero vivir y morir quiero
porque si vivo, muero
pero si muero, vivo.

Elsa Wade



miércoles, 4 de septiembre de 2013

 La Abuela

Gran matriarca, poetiza.
Nadie diría que arcaica,
más bien jovial pitonisa.
Mezcla el llanto con la risa,
tiene secretos que no devela
y en sus ojos hay misterio.
Es la que lo sabe todo,
también la que todo calla.
Para bien o para mal,
es la que acepta o condena.
La que nos une en un clan,
La gran matriarca es…
La Abuela.


Elsa Wade




















Nueves lunas

El amor que fue deseo
enlazó besos y gemidos .
Dibujó en tu cuerpo ,
mágicos caminos
bordeados de sueños.
Abrevó en tu piel
gotas de rocío.
Se posó en tu boca
como en flor abierta.
Se embriagó con néctar
para dormir en tu seno
El espacio y tiempo,
no tuvieron secretos.
La ilusión te conmueve….
La savia de tu sangre
en espera se mece
La novena luna
su luz le mostrará
Una puerta de carne
será  la primera,
Después  tú …
le  abrirás  otras puertas,
 al  Amor, a la Verdad y a la Sabiduría.


Elsa Wade

martes, 3 de septiembre de 2013

Nadim un joyero cuarentón  de aspecto enfermizo, estaba casado con una joven muchacha a quien obsesionaban las joyas. Cuando su marido terminaba alguna alhaja, ella se las probaba extasiada frente al espejo.
Alfonso el joven que distribuía las piezas terminadas, la adulaba y ella respondía con miradas   provocativas. Nadim sospechaba de ellos  y aunque nunca lo pudo comprobar, estaba seguro del engaño.
Una tarde estaba dándole los últimos toques a un  alfiler de corbata, cuando de improviso Reina se  lo arrebató para ver como lucía en su sombrero.
Nadim la increpó  y trató de sacarle la joya. Reina lo sorprendió asestándole un golpe en medio de la cara.  Transformado por la furia le dio  empujón y Reina  cayó sobre la cama. Sin dudar tomó  el alfiler y lo hundió  en su pecho. Luego  se inclino sobre ella, tomó el pinche con firmeza lo arrancó de un tirón. Corrió la blusa  que apenas cubría los  senos desnudos y pudo ver  un punto rosado justo a  la altura del corazón.
 La observó unos segundos y sin denotar emoción alguna bajó una valija  del  ropero donde acomodó algunas prendas, no sin antes elegir una corbata. Se paró frente al espejo y con gran parsimonia hizo el lazo. El reflejo mostraba  un nudo perfecto .Con una sonrisa prendió el alfiler a su corbata. Después dejó la habitación cerrando la puerta tras de sí, sin hacer ruido.
Cuando  el tren se detuvo, caminó hasta llegar a una pequeña hostería. El paraje era solitario la noche lo circundaba todo.
Una vez ubicado en la habitación, insomne y desolado se sentó en el sillón junto a la ventana. El frío se condensaba en los cristales.
De pronto surgió la visión fantasmagórica de Reina. Su silueta contorneada por claroscuros se fue sumergiendo en un halo dorado hasta fundirse en una luz enceguecedora como la noche misma.
Abrió la ventana y con los brazos extendidos trató de llegar hasta ella sin distinguirla claramente. Entrecerró los ojos y pudo verla cubierta de joyas y resplandeciente como una diosa. Tomó sus manos y sintió que lo atraía hacia sí. Sin resistirse se dejó llevar por el fuerte magnetismo que fluía de su luminosidad  y como una mariposa noctámbula atrapada  por un cirio encendido, se diluyó en ella.
La pasión que inflamaba su  sangre se congeló en sus venas y todo su ser se perdió en la oscuridad.
 Cuando llegó la policía, el conserje no pudo dar muchos datos sobre el cuerpo sin vida que se encontraba a la entrada de la hostería, solo dijo que el hombre había tomado la habitación por esa única noche.
Elsa Wade



Mis zapatos                       
De repente me encontré mirando mis zapatos. No tenían nada de extraordinarios sin embargo atraían mi atención de una manera muy significativa.  El resto de mi entorno había desaparecido.
Siempre con la mirada fija en mis zapatos comencé mi recorrido sin saber a dónde me llevarían. Caminé sin resistirme. Transité por lugares desconocidos, oscuros. Noté  un destello  en sus punteras, como si fueran de charol.
 Me detuve delante de una grada, subí un escalón, otro y otro más. De pronto estaba sobre un tablado de madera encerada .Mágicamente comencé a escuchar música y mis pies marcaron el compás. Lento al comienzo, el ritmo se fue acelerando. Las flautas, los panderos y los redoblantes sonaban incansables .Yo seguía las órdenes de mis zapatos que no tenían ninguna intención de descansar.  A mi lado había otros pies que tampoco dejaban de bailar…
Súbitamente  mis zapatos quedaron asomados al vacío. Desde el oscuro foso asomó una  cabeza.  Sonrió  y dijo:
-¿Qué haces espantando? ¡No son ni las seis!
 Desapareció dejando el abismo abierto a mis pies. Abochornada y sumisa comencé el descenso. Mis zapatos negros contaron los escalones. Eran más de diez. Su voz me guiaba;
- ¡Baja con cuidado te podes caer!  Estoy haciendo té…
Me senté  a su lado. Con mis ojos clavados en los zapatos, tomé la taza que me ofrecía, pero no lo miré. Arriba en el desván se oía la vieja  fonola, repitiendo  una  vez  tras otra, la cadencia  ligera de un jig*  irlandés.(247 palabras)
                                                                               Elsa Wade
*jig: danza ligera de origen celta conocida en español como jota.



domingo, 1 de septiembre de 2013























Como la luna llena
Hoy me siento plena,
colmada, henchida.
Brillante espejo,
bola de cristal
fuente de energía.
Tu luz me baña
y  yo dejo volar
todas mis fantasías
   
Elsa Wade